A través de este medio, les doy la bienvenida a todos los alumnos del presente curso de Literatura 2015, los conocidos y aquellos con los que me encontraré por primera vez este miércoles 4 de marzo.
Éste será un año inusual, lo que no significa que sea negativo ... será necesario canalizar muy bien las energías desde el inicio, dosificarlas bien para que el año no nos dé una sorpresa hacia el final.
De mi parte, nada más decirles que las tapas de este diario están abiertas de par en par, esperando que sus manos se hagan con él; en blanco están sus hojas, a la espera de que impriman sus emociones en ellas; todo espera ... con ansias y entusiasmo ... el dulce toque de una campana...
Mi planta de naranja lima
Este es un espacio de comunicación e intercambio que se propone servir de guía, material de apoyo y /o cartelera fija de los conceptos trabajados en el aula y los trabajos asignados, a los que el estudiante podrá acceder de forma permanente. No sustituye el encuentro en persona; solo sostiene el vínculo fuera del aula ...¡Aprovéchenlo!
miércoles, 4 de marzo de 2015
sábado, 23 de marzo de 2013
EL TEXTO NARRATIVO...
La finalidad del texto narrativo consiste en contar hechos, reales o ficticios, que suceden a unos personajes en un espacio y en un tiempo determinados.
La finalidad del texto narrativo consiste en contar hechos, reales o ficticios, que suceden a unos personajes en un espacio y en un tiempo determinados.
Generalmente los hechos narrados se estructuran en tres partes (planteamiento, nudo y desenlace) y normalmente siguen un orden cronológico lineal; es decir, se presentan los hechos a medida que van sucediendo en el tiempo.
Observa todas estas características en el siguiente texto:
“A la medianoche, una turba tumultuosa, animada con todas las voces de un motín y todos los alaridos de una bacanal, invadía las calles de San Bernardino. Llegó a la plazuela de Afligidos y la ocupó casi toda. El callejón de la plaza de la Cara de Dios contenía más de trescientas personas; y la algarabía era tan grande que no se podían distinguir claramente las voces pronunciadas por los más exaltados.
Al llegar al patio hubo un instante de vacilación, de terrible sorpresa. Una doble fila de soldados apuntaba a la multitud que, confiada en su fuerza, no pudo resistir un movimiento de terror, retrocediendo al ver que se la recibía de aquella manera. En el mismo instante sonó un tiro y cayó un soldado. Hizo fuego sin reparo la tropa, y una descarga nutrida envió más de veinte proyectiles sobre la muchedumbre.
La confusión fue entonces espantosa: avanzó la tropa; retrocedieron los paisanos, no sin disparar bastantes tiros y agitar las navajas, armas para ellos más seguras que el trabuco.”
Benito Pérez Galdós, La Fontana de Oro.
La estructura del texto narrativo está compuesta de estas tres partes:
- 1. Introducción o planteamiento. Sirve para introducir los personajes. Nos presenta una situación incial, un conflicto que les sucede a unos personajes en un tiempo y en un lugar determinados.
A medianoche (tiempo) una multitud de personas (personajes) invaden las calles de San Bernardino (lugar) dando gritos de protesta.
- 2. Nudo o conflicto. Se desarrollan los acontecimientos planteados en la introducción. Los personajes se ven envueltos en el conflicto y actúan en función del objetivo que persiguen.
Al llegar al patio (lugar) unos soldados (personajes) apuntaban a la multitud. Sonó un disparo y cayó un soldado. Aquellos dispararon contra la multitud.
- 3. Desenlace o solución de la situación planteada. En esta parte del relato se resuelve el conflicto de la fase inicial. Puede tener un final feliz o trágico; positivo o negativo.
Los soldados siguieron avanzando y la multitud retrocedió.
Elementos que forman parte del texto narrativo:
A. El narrador. Es quien cuenta los hechos o la historia. Puede ser:
- Un narrador omnisciente: visión total del relato, ajeno a los hechos. El narrador omnisciente conoce a la perfección lo que hacen, piensan y sienten todos los personajes (incluso en ocasiones interviene para opinar sobre los hechos ocurridos o sobre el modo de ser de los personajes).
- Un narrador observador externo: relata los hechos desde fuera, sin participar en la historia, es el narrador testigo o observador que se limita a recoger en la narración los hechos tal como suceden sin añadir ni quitar nada, como si fuera una cámara de vídeo, y lo mismo actúa con los personajes, que sólo son conocidos en el relato por lo que ellos hacen y dicen o por lo que otros personajes nos cuentan de ellos
- Un narrador que cuenta su historia. En este caso el narrador es un personaje más, es el personaje principal, ya que es el protagonista.
Cambios en la narrativa del Siglo XX
Las rupturas. El boom latinoamericano.
Como cualquier otra manifestación literaria o artística del siglo, la narrativa refleja esa crisis del concepto de “realidad” que se ha visto como común denominador de las nuevas formas creadoras. Naturalmente, subsisten todavía hoy las novelas que procuran ser un reflejo lo más fiel posible del mundo circundante, pero lo corriente es que el narrador busque objetivos muy distintos de los que se agotan en describir lo que puede verse cotidianamente. Cortázar decía: “Casi todos los cuentos que he escrito pertenecen al género llamado fantástico por falta de mejor nombre, y se oponen a ese falso realismo que consiste en creer que todas las cosas pueden describirse y explicarse como lo daba por sentado el optimismo filosófico y científico del siglo XVIII, es decir, dentro de un mundo regido más o menos armoniosamente por un sistema de leyes de principios, de relaciones de causa y efecto, de psicologías bien definidas, de geografías bien cartografiadas. En mi caso, la sospecha de otro orden más secreto y menos comunicable y el fecundo conocimiento de Alfred Jarry, para quien el verdadero estudio de la realidad no residía en las leyes sino en las excepciones de esas leyes, han sido los principios orientadores de mi búsqueda personal en una literatura al margen de todo realismo demasiado ingenuo”.
Cortázar da por sentado que hay un seudorrealismo – “falso realismo”, “realismo demasiado ingenuo” – en el cual se ha caído por exceso de simplificación. El escritor desconfía de las leyes claramente formulables y le parece candor aceptar a pie de juntillas las relaciones de causa-efecto. La confianza del hombre del siglo anterior en que la realidad es tal como aparece queda encerrada en una famosa frase de Stendhal: “una novela es un espejo que se pasea a lo largo de un camino”. Cortázar considera al realismo del siglo pasado como una consecuencia del racionalismo filosófico de la centuria anterior, tenida por “el siglo de las luces”
La narrativa actual ha operado el pasaje de lo mimético a lo simbólico. Nada de imitación, copia o representación siquiera de la realidad objetiva. La nueva postura supone la sustitución de los escenario familiares por los espacios imaginario. Ocurre, también, que el narrador se instale resueltamente y desde el principio en una atmósfera inverosímil y absurda, sin que se sienta obligado a rendir explicación alguna.
El novelista típico del siglo XIX era un narrador omnisciente, alguien que lo sabía todo: vale decir, que el personaje se definía a sí mismo a través de sus actos y sus palabras, pero – si resultaba necesario – el escritor accedía a su interior, escudriñaba sus pensamientos, traducía en palabras claras sus emociones más personales y escondidas y en todo procedía como si el alma de su criatura no tuviese secretos para él.
En la nueva novela no es el escritor quien narra sino el propio personaje, son lo cual todo se organiza desde los ojos de un “yo”. La más revolucionaria e influyente forma de esta modalidad es lo que, a partir de “Ulises” (1922) de James Joyce, se ha dado a llamar “monólogo interior”.
Dujardin dice lo siguiente respecto al “monólogo interior”: “es en el orden poético, ese lenguaje no oído y no pronunciado, por medio del cual un personaje expresa sus pensamientos más íntimos (los que están más cerca de la subconsciencia) anteriores a toda organización lógica, es decir, en su estado original, por medio de frases directas reducidas a un mínimo sintáctico y de manera que den la impresión de reproducir los pensamientos conforme van llegando a la mente”. Se trata de acercar la palabra todo más posible a esa fluencia alógica que se ha llamado corriente o torrente de la conciencia: una catarata indivisa que tolera mal las codificaciones establecidas por las formas tradicionales de la puntuación y hasta la habitual distribución en párrafos. Separar es aquí, casi, desvirtuar. El método reduce al mínimo imprescindible para la comunicación la racionalidad del lenguaje: éste casi por definición es de todos, pero aquí se vuelve peligrosamente privativo de uno solo. Al lector le corresponde el esfuerzo de recibir, de aquella privacidad, lo que puede ser compartido. Levin dice que el narrador escribió para sí mismo, “con desprecio paranoico de cualquier lector”. Joyce estaría en una posición equivalente a la de los surrealistas con respecto a la “escritura automática.
Otra característica está marcada por las citas de “Finneganswake” que consigna que el lenguaje literario se ha aniquilado voluntariamente, hasta acoger formas expresivas esencialmente alejadas de lo artístico: todas las manifestaciones coloquiales imaginables, sin excluir la cinta grabada del diálogo más informal hasta la siempre conversación lacónica por teléfono, llena de sobreentendidos.
La narrativa de los últimos años ha visto también a la novela organizada como un “collage” de varias versiones de los acontecimientos narrados: de modo que hay vario narradores, cada uno de los cuales presenta los hechos desde su punto de vista. Si la estructura de la novela es clara y coherente con el sistema elegido – como ocurre con la “Crónica de una muerte anunciada” de García Márquez – el lector estará seguro de cuál es la perspectiva desde la que se está observando lo sucedido. Suele ocurrir, sin embargo que los narradores – no omniscientes, por añadidura, pues cada uno conoce sólo una arista o una cara del todo que se persigue – se constituyan como voces de procedencia incierta o ambigua.
Agréguese a todo esto la sostenida tendencia a no seguir el orden cronológico normal de los hechos. “Contar seguido, hilvanado, sólo siendo cosas de rasa importancia” dice Guimaraes Rosa. En lugar de la estructura lineal, lógica y previsible de la acción presentada en el relato, el escritor propone, un orden fundado en lo que acaece dentro del espíritu o la conciencia del protagonista: por ejemplo, la organización de sus recuerdos, que pueden privilegiar a alguna escena que no fue la primera en la secuencia de los hechos, aunque sí la más intensa y memorable. Si el lector no se dispone a dejarse conducir por el juego que así se postula, el efecto de este tipo de organización puede resultar desconcertante y parecer arbitrario.
En los temas se ha enfatizado en los aspectos ambiguos, irracionales y misteriosos de la realidad y la personalidad: la incomunicación y la soledad, y con tal intensidad que la nueva narrativa quita valor a la muerte, porque considera que la vida misma es una forma de muerte y de infierno.
Por todas partes ha sido un hecho la emergencia de una “novela metafísica”, como se la ha llamado en la imposibilidad de hallar un término más preciso. Y en ella, se volverán presente los elementos simbólicos. Uno de esos elementos simbólicos es el omnipresente burdel, escenario en amplios desarrollos de “La casa Verde” de Vargas Llosa, o “Juntacadaveres” de Onetti. Hay aquí, sin duda, un diagnóstico bien sombrío sobre el continente y la época que nos ha tocado vivir.
Un tema se ha vuelto obsesivo en la narrativa del siglo XX: el de la general rebelión contra todos los tabúes, que ha terminado por aparejar una verdadera explosión de lo erótico. En general, se ha explicado este aspecto como una de las tantas formas de agredir a la moral “burguesa. Sábato decía: “El derrumbe del orden establecido y la consecuencia crisis del optimismo (…) agudiza este problema y convierte el tema de la sociedad en el más supremo y desgarrado intento de comunión, que se lleva a cabo mediante la carne y así (…) [ella] asume ahora un carácter sagrado”
Bien puede ocurrir que el lector ya no encuentre, al enfrentarse a una novela, el viejo “placer de leer”, y todo le resulte arduo y trabajoso. Esto no deja de ser normal y comprensible, desde que el escritor ya no conduce a quien lee hacia certidumbres indiscutibles, de modo que el receptor del mensaje descanse confiado y dócilmente. Umberto Eco habla de “obra abierta”. Desde el punto de vista del “significado”, ella supone una multiplicación de los sentidos posibles, lo que obliga al lector a conquistar alguno que lo satisfaga, en un esfuerzo que lo transforma también a él en un creador o, por lo menos, en alguien capaz de “actos de invención”. En general, no es incomprensible que Eco relacione el mundo multipolar que es la obra moderna y el amplio sistema de relaciones sin puntos de vista privilegiados en el cual queda instalado el lector, con el universo espacio-temporal imaginado por Einstein. Desde luego, el lector está en su derecho de rehusar a entrar en el juego que le solicita el aporte de una perspectiva, pero el gozo artístico implica una vacación para nuestras convicciones, que es decir para nuestra individualidad.
DECÁLOGO DEL PERFECTO CUENTISTA SEGÚN QUIROGA
| Decálogo Horacio Quiroga | |
|
EL COMENTARIO DE TEXTOS LITERARIOS
|
El comentario de textos literarios
por Natalia Bernabeu Morón
"Así como el estudio de la
Música sólo puede realizarse oyendo obras musicales, el de la literatura sólo
puede hacerse leyendo obras literarias. Suele ser creencia general que para
"saber literatura" basta conocer la historia literaria, Esto es tan
erróneo como pretender que se entiende de Pintura sabiendo dónde y cuándo
nacieron los grandes pintores, y conociendo los títulos de sus cuadros, pero
no los cuadros mismos. Al conocimiento de la literatura se puede llegar: a)
En extensión, mediante la lectura de obras completas o antologías amplias. b)
En profundidad, mediante el comentario o explicación de textos."
Fernando Lázaro Carreter y Evaristo Correa Calderón. Cómo se comenta un texto literario.
¿CÓMO COMENTAR UN TEXTO LITERARIO?
1. Introducción
En la actualidad llamamos literatura al arte cuyo
material es el lenguaje y al conjunto de obras específicamente literarias.
Desde que se inventó la escritura ésta ha sido el vehículo idóneo de la
transmisión literaria.
La Poética o Ciencia de la literatura es
aquella que tiene por objeto la fundamentación teórica de los estudios
literarios. Una de las disciplinas que forman parte de esta ciencia es
la Crítica literaria que analiza los elementos formales
y temáticos de los textos desde un punto de vista sincrónico, valiéndose de
la técnica del Comentario de textos.
2. El comentario de textos literario
Para comentar un texto literario hay que analizar conjuntamente lo que el
texto dice y cómo lo dice. Estos dos aspectos no pueden separarse, pues, como
opina el profesor Lázaro Carreter: "No puede negarse que en todo
escrito se dice algo (fondo) mediante palabras (forma). Pero eso no implica
que forma y fondo puedan separarse. Separarlos para su estudio sería tan
absurdo como deshacer un tapiz para comprender su trama: obtendríamos como
resultado un montón informe de hilos".
Así pues, comentar un texto consiste en relacionar de forma clara y
ordenada el fondo y la forma de ese texto y descubrir lo que el autor del
mismo quiso decirnos. Puede haber, por tanto, distintas explicaciones válidas
de un mismo texto, dependiendo de la cultura, la sensibilidad o los intereses
de los lectores que lo realizan.
Para llevar a cabo el análisis conviene seguir un método, establecer una
serie de fases o etapas en el comentario que nos permitan una explicación lo
más completa posible del texto.
2.1. Etapa previa: Lectura comprensiva y localización del texto
La comprensión del texto.
La etapa previa a cualquier comentario consiste en realizar una lectucra rigurosa que nos permita entender tanto el texto completo como cada una de las partes que lo forman. Para ello lo leeremos cuantas veces sean necesarias, intentando solucionar las dificultades que nos plantea. En esta fase será necesario utilizar diccionarios, gramáticas y otros libros de consulta.
La localización del texto.
Los textos pueden ser fragmentos u obras íntegras, y, por lo general, pertenecen a un autor que ha escrito otras obras a lo largo de su vida. Por eso es imprescindible localizar el texto que se comenta, es decir identificar algunos datos externos como los siguientes: • Autor, obra, fecha, periodo. • Relación del texto con su contexto histórico. • Características generales de la época, movimiento literario al que pertenece el texto. Relación con otros movimientos artísticos y culturales del momento. • Características de la personalidad del autor que se reflejan en el texto. • Relación de esa obra con el resto de la producción del autor. • Situación del fragmento analizado respecto a la totalidad de la obra.
El género literario y la forma de expresión
Es importante delimitar el género y subgénero literario al que pertenece el texto, señalando aquellos aspectos en los que el autor sigue los rasgos propios del género y aquellos otros en los que muestra cierta originalidad o innovación.
En este apartado conviene analizar:
• El género y subgénero del texto. Rasgos generales. • Aspectos originales • Forma de expresión utilizada por el autor: narración, descripción, diálogo… • Prosa o verso y peculiaridades del texto derivadas de ello.
2.2. Análisis del contenido
En esta fase deben analizarse el argumento, el tema o idea central que el
autor nos quiere transmitir, su punto de vista y la forma en que estructura
el mensaje.
•Para hallar el argumento preguntaremos: ¿Qué ocurre? •Para delimitar el tema: ¿Cuál es la idea básica que ha querido transmitir el autor del texto?. •Para analizar la estructura: ¿Cómo organiza el autor lo que quiere decir en unidades coherentes relacionadas entre sí? •Para descubrir la postura del autor: ¿De qué forma interviene el autor en el texto?
Argumento y tema
Hallar el argumento de un texto es seleccionar las acciones o acontecimientos esenciales y reducir su extensión conservando los detalles más importantes. El argumento puede desarrollarse en uno o dos párrafos.
Si del argumento eliminamos todos los detalles y
definimos la intención del autor, lo que quiso decir al escribir el texto,
estaremos extrayendo el tema. Este ha de ser breve y conciso: se reducirá a
una o dos frases.
Al analizar el tema de un texto habrá que señalar
también los tópicos y motivos literarios que puedan aparecer en el
texto: locus amoenus, beatus ille, etc…
La estructura del texto
Si nos detenemos en la forma en que el autor ha compuesto el texto y en cómo las distintas partes del mismo se relacionan entre sí, estaremos analizando la estructura.
Para hallar la estructura de un texto hay que delimitar en primer lugar
sus núcleos estructurales. Estos pueden estar divididos a su
vez en subnúcleos. Además, hay que determinar las relaciones que
se establecen entre ellos.
El esquema estructural clásico es el de introducción desarrollo, climax y desenlace,
pero los textos pueden organizarse de otras formas:
• La disposición lineal: los elementos aparecen uno detrás de otro hasta el final. • La disposición convergente: todos los elementos convergen en la conclusión • La estructura dispersa: los elementos no tienen aparentemente una estructura definida, ésta puede llegar a ser caótica . • La estructura abierta y aditiva: los elementos se añaden unos a otros y se podría seguir añadiendo más. • La estructura cerrada, contraria a la anterior, etc.
Postura del autor en el texto y punto de vista
En este apartado se comentará el modo en que el autor interviene en el
texto. Éste puede adoptar una postura objetiva o subjetiva, realista o
fantástica, seria o irónica…etc.
Hay que analizar también desde dónde relata la historia (desde afuera,
desde arriba, etc.), si aparece o no el narrador y qué punto de vista adopta:
tercera persona omnisciente, tercera persona observadora, primera persona
protagonista, primera persona testigo, etc.
2.3. Análisis de la forma
Hemos visto como el fondo y la forma de un texto están íntimamente
unidos. Por eso en esta fase del comentario se ha de poner al descubierto
cómo cada rasgo formal responde, en realidad, a una exigencia del tema. En
este apartado habremos de analizar:
El análisis del lenguaje literario
Nos detendremos en el uso que el autor hace de las diferentes figuras retóricas y con qué intención, relacionándolo en todo momento con el tema del texto.
El análisis métrico de los textos en verso
Ritmo, medida, rima, pausas, encabalgamientos, tipos de versos y estrofas utilizadas, etc.
La exposición de las peculiaridades linguísticas del texto
• Plano fónico: se analizarán las peculiaridades ortográficas, fonéticas y gráficas del texto que tengan valor expresivo. • Plano morfosintáctico: se prestará atención a aspectos como los siguientes: acumulación de elementos de determinadas categorías gramaticales (sustantivos, adjetivos, etc.); uso con valor expresivo de diminutivos y aumentativos, y de los grados del adjetivo; presencia de términos en aposición; utilización de los distintos tiempos verbales; alteraciones del orden sintáctico; predominio de determinadas estructuras oracionales… • Plano semántico: se analizará el léxico utilizado por el autor, la presencia de términos homonímicos, polisémicos, sinónimos, antónimos, etc; y los valores connotativos del texto.
2.4. El texto como comunicación
Una de las características básicas de la comunicación literaria es la
separación que existe entre el emisor y el receptor de la obra. El
emisor es el autor, pieza fundamental de la comunicación literaria, pues
es quien enuncia el mensaje. El significado de un texto depende, en primer
lugar, de la intención de su autor que, a la hora de escribir está influenciado
por su sistema de creencias y el contexto histórico social al que pertenece,
entre otros condicionamientos.El receptor es el lector de la
obra. Cada lector hace "su propia lectura", según sus
características personales y el contexto histórico social al que pertenece.
Así pues, al analizar el texto como comunicación habrá que atender a los
siguientes aspectos:
• Funciones del lenguaje que predominan en el texto. Actitud
del autor ante el lector: ¿Se dirige directamente a él?
• Reacción que la lectura provoca en nosotros como lectores: emoción, identificación, rechazo, etc. • Intención comunicativa dominante en el texto: informativa, persuasiva, lúdica… • Posición del autor ante el sistema de valores de su época.
2.5. Juicio crítico
En este apartado se trata de hacer balance de todas las observaciones que
hemos ido anotando a lo largo del comentario y expresar de forma sincera,
modesta y firme nuestra impresión personal sobre el texto:
• Resumen de los aspectos más relevantes analizados en el comentario. • Opinión personal. |
jueves, 7 de marzo de 2013
Leamos un cuento y algo más ...
EL OTRO YO
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban
rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la
nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una
cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices,
mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le
preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos.
Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía
ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió
lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba
Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con
desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después
se rehízo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la
mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando,
pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese
pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de
lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus
amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin
embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de
males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: “Pobre Armando. Y pensar
que parecía tan fuerte y saludable”.
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo,
sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la
nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía
se la había llevado el Otro Yo.
Mario Benedetti (Uruguay,
1920-2009)
T.D.: ¿Te animas a inventar una
historia donde aparezca tu otro yo?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)